¿POR QUÉ NOS SABOTEAMOS?

 

 

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Foto: Mattias Mueller. Creative Commons.

Una de las realidades más sorprendentes que me he encontrado en la práctica terapéutica, es la resistencia al cambio que todas las personas tenemos en más o menos medida. Con la hipnosis clínica, en algunas ocasiones se constatan efectos desde la primera sesión. Esto, en realidad, es maravilloso y es una de las razones por las que utilizo este método por encima de otros. Sin embargo, una cosa con la que la hipnoterapeuta tiene que lidiar es con los saboteadores que el paciente lleva consigo y que no son otra cosa que la resistencia a que todo cambie demasiado deprisa.

¿Por qué es esto así si cuando alguien llega a la consulta es, precisamente, para solucionar y cambiar algo que le hace sentir mal?

Es una cuestión inconsciente y que se escapa a veces a nuestra voluntad. Estamos acostumbrados a vivir de una determinada manera, aunque esa manera nos cause sufrimiento. Es lo que conocemos y, en algún lugar recóndito de nuestro cerebro, eso nos da seguridad, sabemos cómo funciona y hemos creado una forma de estar en el mundo acomodada a esas circunstancias. ¿Qué ocurre si las circunstancias cambian? Si es un movimiento terapéutico, nos sentiremos mejor y será bueno para nuestra salud. Pero esa parte acomodada se queja porque entonces parece que perdamos nuestra identidad. Si ya no nos quejamos, si ya no sufrimos, si ya no estamos enfadados, si ya no tenemos que ir de médico en médico, entonces ¿qué vamos a hacer? La sensación de vacío, de no saber quienes somos sin todo eso, nos tienta a volver atrás, a lo conocido, sin que ni nosotros mismos nos demos cuenta.

En las terapias para dejar de fumar, por ejemplo, es habitual que la persona vuelva malhumorada a la segunda sesión. Cuando le pregunto qué le pasa, responde que no ha tenido deseos de fumar y han llegado a echármelo en cara en alguna ocasión:

-¡A mí me gusta fumar!” –me decía un señor con desagrado- ¡Y ahora ya no siento nada!”

Evidentemente entonces le recuerdo que vino a mi consulta para eso y que si quiere volver a fumar, es libre de hacerlo, es su decisión, y se puede desprogramar todo el trabajo.

También hay personas que han sufrido mucho dolor durante mucho tiempo y llevan años hablando de él y visitando médicos y haciéndose pruebas. Una vez les desaparece el dolor, siguen viniendo a la consulta explicando las mismas odiseas clínicas que sufrieron y todo lo mal que lo pasaron. Entonces les pregunto desde cuándo ya no es así, y se dan cuenta de que eso ya no existe. Tienen la sensación de que entonces ya no saben qué decir ni explicar, pero ese vacío, en realidad, es maravilloso, porque permite llenarlo de proyectos, de salud y de bienestar.

Con un poco de paciencia descubrirás que sigues siendo la misma persona, pero mucho mejor, más libre, más sana, y que tienes derecho a ser feliz y crear bienestar en tu vida. No importa lo que te hayan dicho o lo que hayas aprendido, vivir bien y plenamente es tu derecho de nacimiento. Tómalo.

Un paciente me propuso colgar en la consulta un cartel de advertencia que dijera: “Ojo, te puedes curar”.

Como decía Hellinger: cuando un esquimal decide irse a vivir al trópico porque allí se vive mucho mejor, lo pasa mal durante un par de semanas, pero se acaba acostumbrando.

Así que decídete a tener una vida mejor y lánzate, te lo mereces.

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