¿POR QUÉ CRITICAMOS?

Friends. CC danny blkspr

A veces parece un deporte, otras se toma como un pasatiempo. Dos o más personas quedan para tomarse algo en un bar o para charlar y alguien empieza a hablar sobre otra que no está allí, puede ser conocida por todos o quizás amiga. Se trata de encontrar un defecto, algo que ha hecho mal y diseccionarlo, no para aprender de su experiencia o su conducta, sino para regodearnos en lo mal que lo hace y en lo bien que lo sabríamos hacer nosotras. Dogmatizamos con la respuesta correcta, con la verdad que pretendemos saber y que normalmente, en el escarnio colectivo, es apoyada por los demás miembros del grupo.
“Nosotras sí que sabemos lo que es bueno y ella o él no”, parecemos decir.

Si nos paramos un momento a pensar, todas sabemos que nadie tiene la verdad sobre ninguna cosa, que como seres humanos somos por naturaleza imperfectos, que nos equivocamos una y otra vez, que cada uno hace lo que puede, que vamos aprendiendo con los años, con el ensayo y error y acabamos adoptando posiciones según los valores aprendidos o con lo que más nos favorece. A la persona a la que se disecciona, le ocurre lo mismo que a todos y adopta sus respuestas según su manera de ver el mundo.

Y si lo sabemos –y lo sabemos-, ¿por qué lo hacemos?

En realidad, cuando alguien critica se está haciendo daño a sí mismo de forma muy profunda. Está comparándose con otra persona delante de terceros para decir: “yo sé más, yo lo hago mejor”. Y al hacer esto, a un nivel profundo se está diciendo: “no me creo que valgo y para eso voy a demostrar delante de estas personas que soy mejor que la otra”.

Cuando alguien tiene la autoestima bien puesta, no necesita comparar su respuesta con la de otros. Cada uno tiene la suya igual que cada camino de vida es completamente diferente. Una de las cosas fascinantes del ser humano es que, siendo miles de millones, nadie es una réplica de nadie, todos somos únicos, con más o menos afinidades con los demás, pero únicos en todos los niveles.
Sólo tú eres tú, tú tienes tu forma de caminar en el mundo y aunque alguien quisiera copiarla no podría, lo haría a su manera que también es única.

Si otra persona tiene una conducta que te molesta, la está teniendo porque sus experiencias de vida le han llevado a hacerla así. Lo que tú puedes hacer es preguntarte por qué te molesta, dónde te está doliendo lo que hace y, si no te está doliendo, por qué estás desperdiciando tu tiempo en hablar mal de alguien, qué te hace sentir hacer eso, ¿te sientes más empoderada al criticar a alguien? ¿por qué necesitas empoderarte así?

Al compararte de esta manera, humillando a otra persona, le estás diciendo a tu cerebro: “no valgo lo suficiente” y estos mensajes, que pasan a la velocidad del rayo por el inconsciente, lo van programando. “Soy tan poco que necesito aplastar al otro”, dice este programa.
Y lo que es peor, si esta conducta es habitual y tenemos hijos, al llegar a la adolescencia copian lo que han visto y oído y empiezan a reproducirlo en sus círculos. Anotan a un nivel sutil que ser adulto también es hablar mal de alguien a sus espaldas y empiezan a programar su cerebro: “no soy suficientemente bueno”.

¿Por qué criticamos? Párate a pensar.
Es importante cambiar algunas formas que parecen tan normales, tan habituales, si queremos progresar, crecer.
Si tienes algo que decirle a alguien porque te ha molestado, díselo directamente y con educación. Te quitarás de encima esa sensación desagradable y quizás a la otra persona le sirva.
Y si simplemente hablas mal de alguien por pasar el rato, piensa si vale la pena. En realidad, cada vez que lo haces estás programando tu cerebro y lo que le dices no es saludable.
Eres una persona única y valiosa sólo por existir. Y tu camino es el más especial que pueda haber, porque es el tuyo.

Sé que con este artículo también critico al que critica, pero me veo en la necesidad de expresarme por la tristeza que me provoca escuchar tantos casos de bullying en la adolescencia, que acostumbran a empezar con una conversación, con un corrillo en el que unos cuántos jóvenes se ríen de la forma de vestir o de peinarse o de hablar de otro joven que está aprendiendo a moverse por la vida adulta. Creo que vale la pena planteárselo. Seamos un ejemplo.

 

Imagen: “Friends” by Danny blkspr. Creative Commons

 

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